Todas las situaciones límite como la que enfrentamos actualmente tienen en la vida de cada uno y en la sociedad, efectos secundarios. ¿Cuáles han sido estos efectos en nuestras alumnas? Zayda Chavarría y Diana González, de nuestra área de psicología han re significado esos efectos desde una visión positiva. En un decálogo nos demuestran cómo este tiempo ha significado para nuestras alumnas el encuentro con sus propios recursos personales e intelectuales:

  •  Adaptación y disposición para aprender en un entorno virtual de manera autónoma y también para integrarse a la colectividad en las sesiones de clase dispuestas para el grupo.
  • Destreza en el manejo de las tecnologías de la información y la comunicación, acceso a la plataforma y pericia en la navegabilidad, descarga de guías y entregables de clase.
  • Oportunidad de socializar,  compartir, escuchar, responder, participar con compañeras y docentes. Intercambiar vivencias desde casa y en la adquisición de conocimientos.
  • Apertura al cambio, innovación y recursividad evidenciada en el interés por buscar nuevas formas de hacer las cosas y responder a sus compromisos escolares.
  • El sentido de pertenencia.  Para muchas de nuestras alumnas, el hecho de no poder asistir físicamente al colegio les ha permitido sentir que en realidad es un espacio que valoran y disfrutan, al igual que la interacción con sus compañeras, a pesar de las dificultades inherentes a la convivencia que siempre se pueden presentar.  Han logrado encontrar maneras de seguir en contacto con otras niñas de sus grupos, y buscar aspectos en común que puedan compartir con ellas, tratando de tener una mejor comunicación.  Extrañan sus aulas de clase, el contacto continuo con sus profes y el compartir con las demás, pero esta nueva forma de trabajar les ha ayudado a ver la importancia del trabajo en equipo.  Valoran el apoyo sincero de sus profes, quienes no por estar lejos se han desconectado de ellas, sino que al contrario buscan la manera de acompañarlas en su aprendizaje.
  • Autonomía.  La virtualidad ha permitido un crecimiento gradual en cuanto a la autonomía. Algunos padres relatan que aunque la lucha por despertar a las niñas cada mañana para ir a estudiar era constante, y en ocasiones generaba conflictos, ahora ellas mismas buscan la forma de continuar con su rutina de estudio, y sirviéndose del reloj despertador  de siempre, ahora ellas son las primeras en estar en pie y listas para empezar clase y poder ver a sus compañeras.  El seguimiento de rutinas ha favorecido  la adaptación a estas nuevas maneras de continuar aprendiendo, y de hecho, les ha permitido ver este proceso como algo suyo, que requiere su compromiso e interés total, aspecto que en la normalidad siempre tratamos de trabajar.
  • Autogestión.  Nuestras alumnas han podido poner en práctica diferentes conocimientos y competencias ya aprendidas.  Utilizan de una manera cada vez más eficaz los medios tecnológicos, y esto les permite ver en ellos una herramienta importante de trabajo, y no solo un medio de juego o contacto social. 
  • Seguridad.  Se les ha facilitado (o tal vez la situación las llevado a esto) preguntar, manifestar sus inquietudes, buscar respuestas y oportunidades en sus compañeras y docentes.
  • Es importante también mencionar que los padres han logrado percibir de una manera más nutrida el proceso de aprendizaje de sus hijas y de qué manera se desenvuelven en el ámbito académico, favoreciendo más el conocimiento de sus características, límites y potencial.
  • El vínculo familiar se ha visto favorecido, pues la cercanía, aunque a veces en los medios sociales podamos escuchar que es causa de conflicto, también es cierto que si se capitaliza, pueda mejorar el vínculo entre los miembros de la familia.  Algunos padres nos han comentado que la relación fraterna ha tenido cambios, pues los hijos mayores tratan de ayudar y ser más partícipes en las labores escolares de sus hermanos, y se  vinculan mucho más en la rutina familiar.